
Dice que últimamente le tocan papeles que no son esos que “salen de taquito”; sin embargo eso hace que le ponga más garra, más pasión, para que el público sienta que valió la pena el tiempo que pasó en el teatro.
-¿Se sobrevive al viejazo?
-En realidad nadie lo “sobrevive” porque es algo que hay que enfrentar y seguir para adelante, de cada uno dependerá la manera de manejarlo.
En cuanto a la obra, se trata de un unipersonal, escrito por Elías El Hage, acerca de un hombre que está en esta etapa y se hace consciente de algunas situaciones que a menudo pasan, pero inconscientemente.
-¿Por ejemplo?
-Cosas como cuando te empezás a abrochar el cinturón arriba del ombligo, cuando dejás de usar jeans, cuando te pasás toda una tarde del sábado en la ferretería mirando herramientas y tantas otras cuestiones como repetir frases que tu padre te decía en la adolescencia o las repetidoras… entonces este hombre, divorciado, se da cuenta de lo que le está sucediendo y se da que se encuentra con un primer amor, al que no veía hace treinta años. Entonces se empieza a preparar para la renovación de volver a ver a esa mujer -que está en la misma que él- porque supuestamente se van a encontrar a la noche en una salida de lo más inocente.
Y entre el recuerdo y la fuerza de este hombre por no caer en el clisé del viejazo y el hecho de hacerse el “joven adrede”, que queda feo, pasan situaciones muy divertidas… siempre se dice que no hay que caer en lugares comunes, pero acá es tan inevitable que le toque a uno que justamente estos lugares comunes son absolutamente necesarios.
-¿Todo esto se enmarca en un trabajo en conjunto?
-Sí, el libro lo escribió Elías El Hage y es brillante. Mi hermana Alejandra es la directora, Luciano Enríquez, realizador escenográfico y ahora la he sumado a mi hija María como la encargada de piso.
El libro es muy simple y en eso reside lo atractivo.
-¿Por qué no es un monólogo?
-El monólogo es como más como de pie y al público, más standard. Esto es una obra que empieza y termina, con cuatro o cinco cambios de ropa, escenografías diferentes, la casa, el Banco Nación donde trabaja este hombre. No está ambientado necesariamente en Tandil, puede identificarse con cualquier ciudad.
-¿Cómo es el perfil de quien sufre el viejazo?
-Un tipo gris, no malo, que se ve en muchos lados… es de esos que como decía el General “del trabajo a la casa y de la casa al trabajo”, sin aspiraciones, y se da cuenta de que se le pasó la vida como una ola… y no quiero adelantar demasiado pero en un momento el hijo, que se hizo punk, lo cuestiona “¿por qué tu generación no tuvo un destino heroico? o ¿por qué pudiendo ser el Che Guevara te hiciste cajero del Banco Nación?”. Tiene esas cosas de pasar de la risa al drama. Pero es un placer hacerla, a pesar de que últimamente todo lo que se me está dando son desafíos, porque son cosas que no me salen.
-¿Cómo es eso?
-Claro, no son cosas sencillas que las puedo manejar “de taquito”, se me están dando otras donde se me exige mucho más actoralmente y eso me gusta porque me impide quedarme y siempre me pregunto ¿llegaré a poder estar a la altura de lo que el público espera?
Seguramente que sí, ya que conocemos a Marcos desde hace mucho tiempo con Correveydile, haciendo monólogos y obras donde demuestra una y otra vez que nació para ser actor.
Para agendar
Las entradas para las funciones del 7, 8, 14 y 15 de marzo a las 21 en el Teatro de la Confraternidad estarán a la venta próximamente en Multimedios El Eco, para que el público pueda adquirirlas con anticipación y a un precio menor que en la boletería del teatro.